Es casi una escena de película: terminas de comer un delicioso pollo guisado, o tal vez el clásico sancocho del domingo en familia, y ahí está tu perro, sentado a tu lado con esos ojos de súplica innegable. La tentación de tirarle las sobras, especialmente los huesos, es enorme. Al fin y al cabo, desde que somos niños hemos visto en los dibujos animados que los perros aman los huesos, ¿verdad? Se siente como lo más natural del mundo. Pero te voy a ser brutalmente honesto: ese acto de "cariño" después de la comida es una de las principales causas por las que las clínicas veterinarias se llenan de urgencias los fines de semana. Darle a tu perro el hueso equivocado no es un premio, es jugar a la ruleta rusa con su vida. Así que vamos a desmentir los mitos de una vez por todas y a entender qué puedes darle y qué debes tirar directamente a la basura.
El peligro mortal de los huesos cocidos (Todos, sin excepción) Aquí no hay zonas grises. Jamás, bajo ninguna circunstancia, debes darle a un perro un hueso que haya pasado por fuego, ya sea hervido, frito, horneado o a la parrilla. Cuando un hueso se cocina, pierde toda su humedad y colágeno natural. Piénsalo así: pasa de ser un material elástico a convertirse en cristal frágil. Al morderlo, el hueso cocido no se deshace, sino que estalla en decenas de astillas afiladas como agujas. He visto casos desgarradores donde estas astillas perforan el esófago, desgarran el estómago o causan una peritonitis letal al perforar los intestinos. Ese hueso del muslo de pollo que sobró de la cena es literalmente un arma blanca para el sistema digestivo de tu mascota.
¿Y qué pasa con los huesos crudos? La otra cara de la moneda Seguramente has escuchado hablar de la dieta BARF o de dueños que alimentan a sus perros con carne y huesos crudos. La realidad biológica es que el sistema digestivo de un perro está diseñado para disolver huesos crudos, ya que estos conservan su flexibilidad y no se astillan de la misma manera. Sin embargo, esto tampoco significa que puedas ir a la carnicería y tirarle cualquier hueso crudo. Se dividen en dos grandes grupos: los huesos carnosos (como los cuellos de pollo o carcasas, que son blandos y se comen enteros como alimento) y los huesos recreativos (huesos grandes como el fémur de res, que solo sirven para roer y limpiar los dientes, pero no para tragar).
El tamaño y la técnica lo es todo Si decides darle un hueso crudo recreativo para que se entretenga, el tamaño es tu seguro de vida. La regla de oro es que el hueso debe ser más grande que la cabeza de tu perro. ¿Por qué? Porque si le das un hueso pequeño a un perro de mandíbula grande, como un Pitbull o un Labrador, su instinto será tragarlo entero por pura glotonería. Un hueso atorado en la garganta bloquea las vías respiratorias en cuestión de minutos. Además, nunca dejes a tu perro solo mientras mastica un hueso; tienes que estar ahí observando y, en cuanto veas que el hueso crudo se ha desgastado hasta un tamaño que pueda ser tragado, se lo cambias por un premio más seguro y lo tiras.
Alternativas 100% seguras para su instinto de roer Entiendo perfectamente que quieras darle algo para que se relaje mordiendo, porque el acto de masticar los desestresa muchísimo. Si quieres irte por lo seguro y dormir tranquilo, olvídate de los huesos de las sobras. Ofrécele zanahorias crudas enteras (les encantan, son saludables y limpian sus dientes), tendones de res deshidratados, astas de ciervo naturales (para perros de mordida suave), o simplemente rellena su juguete de caucho resistente con comida y mételo al congelador.
Al final del día, el amor que le tienes a tu perro se demuestra cuidando su salud, no cediendo a su chantaje emocional debajo de la mesa. La próxima vez que te mire con cara de lástima mientras recoges los platos, dale una caricia, guárdale un trozo de carne sin hueso y tira esos restos de pollo guisado directamente al zafacón. Te prometo que te lo va a agradecer viviendo muchos años más a tu lado.
Nota de responsabilidad: Este artículo tiene fines informativos. Si sospechas que tu perro ha ingerido un hueso cocido por accidente y notas que babea en exceso, tiene arcadas sin poder vomitar, su abdomen está duro al tacto o presenta heces con sangre, no esperes. Llévalo de inmediato a una clínica veterinaria de urgencias, el tiempo es vital en estos casos.
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