Seguramente te ha pasado. Adoptas a esa pequeña e inofensiva bolita de pelo soñando con tardes enteras de abrazos y mimos en el sofá. Pero a los pocos días, la realidad te golpea de frente: no trajiste a casa a un perro, trajiste a una piraña hiperactiva. Tienes las manos, los tobillos y los antebrazos llenos de rasguños y pequeños agujeros. Y claro, el primer pensamiento que te cruza por la mente, a menudo cargado de angustia, es: "¿Adopté a un perro agresivo? ¿Se va a volver peligroso cuando crezca?". Te voy a ser brutalmente honesto para que respires tranquilo: tu cachorro no es malo, ni dominante, ni agresivo. Es simplemente un bebé descubriendo el mundo con la única herramienta que tiene disponible. Sin embargo, que sea normal no significa que debas dejarlo hacerlo, porque esos dientecitos de leche que hoy molestan un poco, mañana serán la mandíbula poderosa de un perro adulto.
No es maldad, es dolor de encías y exploración Los bebés humanos descubren el mundo tocando cosas con las manos; los cachorros lo hacen con la boca. Todo lo muerden para saber si es comida, si es un juguete o si es peligroso. Además, entre los dos y los seis meses de edad, tu perrito está pasando por el proceso de dentición. Se le están cayendo los dientes de leche y las encías le duelen, le arden y le pican muchísimo. Morder cualquier cosa que se cruce por su camino (incluyendo tus dedos o el marco de la puerta) es su forma natural de masajearse las encías y aliviar esa molestia. Necesitas ser empático con su dolor, pero firme con los límites.
El error garrafal de "hacer manitas" Aquí caemos casi todos los dueños primerizos. Estás en el suelo jugando con él y empiezas a mover tus manos rápidamente frente a su cara para que intente atraparlas. A él le parece el juego más divertido del universo. Pero piensa en el mensaje que le estás enviando: le estás enseñando que la piel humana es un juguete interactivo súper emocionante. A partir de hoy, tus manos son única y exclusivamente para acariciar, dar de comer y premiar. Si quieres jugar a las luchas con tu cachorro, siempre debe haber un juguete largo (como una cuerda o un peluche) haciendo de barrera entre su boca y tu piel.
El secreto de la "Inhibición de Mordida" Si observas a una camada de cachorros jugando entre ellos, verás la respuesta a tu problema. Cuando un perrito muerde demasiado fuerte a su hermano, el que recibió la mordida da un chillido agudo y deja de jugar al instante. Así es como aprenden a medir la fuerza de sus mandíbulas. Tú tienes que imitar exactamente eso. La próxima vez que tu cachorro te muerda la mano con fuerza, da un "¡Ay!" agudo (no un grito de enojo, sino de dolor repentino), escóndete las manos en las axilas, levántate, dale la espalda y conviértete en un árbol aburrido durante 10 a 20 segundos. Al quitarle tu atención de golpe, el mensaje es clarísimo: "Si muerdes fuerte, el juego se acaba inmediatamente".
La redirección inteligente Decirle que "No" constantemente no sirve de mucho si no le dices qué es lo que "Sí" puede hacer. Tu cachorro necesita morder algo, es una necesidad biológica. Ten siempre un juguete de goma suave o una cuerda a la mano. En el segundo en que veas que viene con la boca abierta directo hacia tus tobillos, ponle el juguete en la boca y anímalo con voz alegre a morder eso. Premia locamente el hecho de que haya elegido el juguete en lugar de tu piel. Otra técnica que funciona como magia para el dolor de encías es mojar un trapo limpio, enrollarlo, congelarlo y dárselo para que lo mastique; el frío es un anestésico natural espectacular.
Criar a un cachorro requiere paciencia de acero. Habrá días en los que sentirás que no avanzas, pero te aseguro que si toda la familia es constante con la técnica de ignorarlo cuando muerde fuerte y redirigir su atención hacia sus juguetes, esa fase de "pequeño tiburón" desaparecerá en un par de semanas, dándole paso al perro educado y gentil que siempre soñaste tener.
Nota de responsabilidad: El comportamiento de morder durante el juego es completamente normal en cachorros de hasta 6 o 7 meses. Sin embargo, si tu cachorro gruñe de manera amenazante, se pone rígido y te muerde intensamente cuando te acercas a su plato de comida o intentas quitarle un objeto robado, esto podría ser "protección de recursos". En estos casos, busca la asesoría de un educador canino en positivo.
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